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Urbanización sustentable. Jardines de altura

Al Centro de Información y Comunicación Ambiental de Norte América (Ciceana) no le bastó colocar macetas en su azotea, la convirtió en un laboratorio ecológico con huerto, jardín botánico, invernadero y área recreativa: una auténtica prueba de sustentabilidad hasta el techo. «Las azoteas verdes son un gran alternativa en el DF, aunque no consigamos hacer bosques, podemos ganar muchos espacios para que la gente se reconecte con la naturaleza, tome conciencia y comprenda que todos somos parte de un mismo mundo».

Ahí donde terminan los edificios y las casas, comienza una superficie de azoteas desperdiciadas que miran al cielo. Un territorio inhóspito dominado por antenas, tinacos, cables, tendederos, objetos inservibles y hasta perros solitarios.

Sin embargo, en ese archipiélago de cemento elevado, donde el Sol pega sin sombras y el viento sopla sin obstáculos, algunos han visto una tierra prometida esperando ser conquistada.

Los exploradores de ese nuevo mundo, gobierno, empresas y particulares, suman esfuerzos para devolverle al suelo un poco del verde que han reemplazado las estructuras de concreto e inician acciones en distintos puntos del planeta que han resultado en beneficios económicos, ecológicos y sociales.

El equipo de Ciceana, liderado por Margie Simon, es uno de los mejores ejemplos en México. Apoyados por un programa que el gobierno del Distrito Federal impulsó en 1997, que pretendía naturar cientos de miles de techos con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, el centro hizo de su azotea un lugar biodiverso que hoy sirve de plataforma para múltiples programas de educación ambiental.

«Cuidar una planta es cuidar a un ser vivo, si no lo riegas se muere, es obvio, pero vivir esa experiencia puede ser como una semilla que haga que las personas se concienticen más del impacto que tenemos todos los días sobre el planeta», afirma Simon.

Ciceana es una organización que promueve la adquisición de conocimientos sobre el ambiente, la transformación de actitudes y el desarrollo de hábitos y valores que apoyen el desarrollo sustentable, a través de la educación, capacitación, comunicación, investigación y proyectos aplicados.

Entre otros programas, este centro ha hecho de su techo un punto de encuentro en el que niños, niñas, jóvenes y adultos conviven, toman talleres, visitan el jardín botánico, conocen cómo se hace una azotea verde, aprenden sobre construcción y manejo de invernaderos, propagación de cactáceas, cultivo de huertos orgánicos y uso de plantas medicinales.

«El jardín botánico es un espacio demostrativo de la recuperación de espacios urbanos para generar áreas verdes, del uso de técnicas de agricultura urbana que promueven la producción orgánica de hortalizas y el uso de materiales de desecho como botes, llantas, cubetas, huacales, y de propagación de plantas representativas de la diversidad biológica y cultural de México», explica la bióloga Ángeles Islas, directora del jardín.

Pero mantener un jardín como éste constituye todo un reto que otras iniciativas similares no han conseguido superar. De aquel programa impulsado por el gobierno en el que se instalaron alrededor de 12 azoteas, ahora sólo sobrevive la de esta organización, señala Amalia Serrano, directora de Promoción y Difusión de Ciceana.

Margie Simon lo advierte: aunque los techos verdes sean de bajo mantenimiento, requieren mucha constancia y compromiso. De ahí la necesidad de analizar el tipo de azotea de la que podrá hacerse cargo antes de iniciar cualquier acción.

«Nuestra misión es hacer que la gente recupere su conexión con la naturaleza. Un techo verde puede ser una buena opción para lograrlo».

Escrito por :    Margie Simon         Directora de Ciceana

Para leer más: www.planetaazul.com.mx/www/2009/08/15/jardines-de-altura/

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