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Primer piso del Txorierri insonorizado y certificado por una Universidad

En los últimos 30 años, Javier Elorriaga y su mujer nunca habían necesitado despertador. El primer avión de la mañana, el que parte del aeropuerto de Loiu a las 06.45 horas, les sacaba literalmente de la cama. Hasta el pasado 15 de junio. Aquel día, esta familia de Derio, que vive a escasos 600 metros de la cabecera de pista de ‘La Paloma’, estrenó ventanas y persianas nuevas. Pero no unas cualquiera, sino unas especialmente diseñadas para combatir el ruido.

Desde entonces, su vida ha cambiado radicalmente, «a mejor, claro». Su piso se ha convertido en un pequeño búnker, una trinchera doméstica contra las lacerantes ráfagas sonoras que disparan los potentes motores de los aparatos en sus maniobras de despegue y aterrizaje.

«Nuestra sensación es que la contaminación acústica se ha reducido considerablemente», valora Javier. Y no se equivoca, porque su percepción subjetiva tiene una confirmación empírica y científica. La Universidad de Navarra realizó un concienzudo examen sobre la calidad del silencio de su vivienda antes y después de cambiar la carpintería.

 Los resultados son concluyentes: «El nivel de ruido se redujo en siete decibelios». Todo un mundo. «Es como pasar de un ambiente de oficina multitudinaria al de un despacho donde conversan sólo dos o tres personas», señalan expertos consultados por este diario.

Esta experiencia es única en el Txorierri, donde casi 2.000 propietarios viven pendientes de que el Plan de Aislamiento Acústico impulsado por el Ministerio de Fomento se ponga por fin en marcha para mitigar su calvario. Así que muchos vecinos miran estos días con lupa lo que sucede en el hogar de este jubilado de 68 años y su mujer. Les urge saber qué mejoras podrán conseguir.

En cierto sentido, la familia Elorriaga ejerce de conejillo de indias en su ‘piso piloto’, ubicado dentro de las isófonas 65-55 del aeropuerto. Son los primeros en contar con un sistema «revolucionario» de barrera contra el estruendo que provocan los aviones. Pero sus flamantes ventanas poco tienen que ver con la iniciativa de Aena. «La obra de arte que me han instalado se la debo a Perfilthermik», afirma orgulloso Javier. Se trata de una firma afincada en Astigarraga que está especializada en carpintería de poliuretano.

Los intereses de los Elorriaga y de la firma guipuzcoana discurrían por caminos perpendiculares. La empresa fabricante buscaba un inmueble en el que probar ‘in situ’, más allá de los laboratorios oficiales, su producto estrella. La familia de Derio anhelaba un «remedio que mitigara» sus padecimientos.

Ambas sendas no tardaron en encontrarse. Pactaron un precio simbólico y se pusieron a trabajar. Javier, que tiene estudios de ingeniería y lleva «varios años» investigando sobre el aeropuerto, sólo les impuso una condición: que fuera la Universidad de Navarra la que certificara la reforma.

El primer paso fue tomar las medidas de las ventanas y las persianas. Pero los técnicos de la empresa guipuzcoana no se limitaron a averiguar las dimensiones exactas sino que también analizaron la trayectoria más frecuente que toman los aviones, así como la distancia a la pista. «Se lo tomaron muy en serio», recuerda Elorriaga.

Días después llegaron los expertos del centro educativo superior afincado en Pamplona. Instalaron dos medidores o sonómetros. Uno en el exterior de la casa, en la fachada, y otro dentro de una de las habitaciones. Las ventanas viejas eran de doble vidrio, pero tenían 18 años y estaban «muy deterioradas».

Se anotaron también las condiciones de temperatura y humedad. Y los aparatos registraron durante 48 horas, entre un miércoles y un viernes, el ruido que generaron 232 operaciones aéreas.

Enlace: www.elcorreodigital.com/vizcaya/20090810/vizcaya/siete-decibelios-cambian-vida-20090810.html

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